Reflexión a la Comunidad Educativa.

Reflexión a la Comunidad Educativa tras la tragedia en Calama.

La tragedia ocurrida en el Instituto Obispo Silva Lezaeta de Calama nos golpea profundamente. Nos enfrenta, con dolor, a una realidad que no podemos ignorar; la urgencia de reconstruir espacios educativos donde prime el respeto, la empatía y el cuidado mutuo.

La escuela no es solo un lugar de aprendizaje académico; es un espacio donde se forman personas, donde se construyen vínculos y donde se aprende a convivir con otros. Cuando la violencia irrumpe de esta manera, nos obliga a preguntarnos qué estamos haciendo — y qué nos falta — para promover una convivencia sana y protectora.

Hoy más que nunca, es necesario hacer un llamado firme al buen trato. Cada palabra, cada gesto, cada interacción dentro de una comunidad educativa tiene un impacto. El respeto no puede ser opcional, ni el diálogo una última alternativa: deben ser la base de toda relación.

La convivencia pacífica no se construye de un día para otro. Requiere compromiso de todos: estudiantes, docentes, asistentes de la educación, familias y autoridades. Implica escuchar antes de juzgar, comprender antes de reaccionar y acompañar antes de sancionar. Implica también enseñar, de manera intencionada, habilidades socioemocionales que permitan a niños, niñas y jóvenes gestionar sus emociones y conflictos de forma saludable.

Educar también es enseñar a convivir.

Y hoy, ese desafío nos convoca a todos.

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